De los creadores de Otogi, un título que a duras penas salió de Japón, y de su secuela, que multiplicaba por decenas la velocidad y destrucción del primero, nos llega otro juego de asesinos enmascarados, Ninja Blade. Sin embargo, esta vez las cosas suceden con algo más de orden y sosiego… al menos durante unos momentos.
La situación no es otra que la actualidad, y el lugar elegido para empezar las andanzas del protagonista es Tokio. Una ciudad inmensa desde cualquier perspectiva. Y este detalle no pasa desapercibido en Ninja Blade, ya que juega mucho con el punto de vista de la acción. Rascacielos que te dejan contemplar todo el mapeado, escenas en las que te descuelgas por las paredes de los edificios, caídas interminables mientras dejas una estela de sangre y miembros amputados o las más típicas plataformas que te ayudan a llegar a lo más alto, todo está mezclado en este título de lucha, habilidad y, sobre todo, inspiración de lo más variada.
La mecánica de juego mezcla diversos estilos que resultan más que familiares. Si en Ninja Gaiden o Prince of Persia podíamos correr por las paredes para salvar algunos obstáculos, aquí también. Qué es eso de usar los reflejos y la maestría con el pad, cuando podemos hacer un "finish" con sólo pulsar un botón o una dirección del stick en el momento adecuado… pues también lo han incluido. ¿Monstruos enormes a lo God of War? Los tiene. ¿Orbes que dejan los enemigos al morir y que luego nos permiten acceder a mejoras en las armas? Por supuesto. ¿Qué no sabemos por dónde tirar porque somos muy noobies? Pongamos algo de visión ninja y se nos trazará el camino a la siguiente etapa o veremos los puntos débiles del contrario. Incluso hay misiones guiadas en las que sólo hemos de apretar el gatillo y apuntar, como en Call of Duty 4 (desde un helicóptero, por supuesto). Está claro que, con tal mezcolanza puede salir cualquier cosa, pero también es verdad que poniendo cada elemento en su sitio, el resultado debería llegar, al menos, al nivel de sus modelos.

En cuanto a cómo fluye la acción en Ninja Blade, todo parece bien depurado y el control del protagonista (Ken Ogawa) no parece dejar un solo cabo suelto. El chi que se rellena te ayuda a ejecutar movimientos más complejos. Los orbes rojos, como hemos dicho, sirven para "comprar" armas mejores. Los golpes se suceden en combos que no son excesivamente complejos y están diseñados para que cualquiera se haga con el control en no mucho tiempo. Lo bueno del sistema es que tanto a distancias cortas como largas, según el arma que elijas alcanzarás a los enemigos con mayor o menor eficacia. Es en los momentos en que acumulas suficiente poder, con escenas cinemáticas precedidas del "ojo ninja" (a menos que lo desactives, en los modos más difíciles de juego) donde cambia el mecanismo y has de pulsar Y, A, B, etc. para ver cómo se suceden los vídeos. Esto, en principio, parece restar atención de lo que pasa en pantalla, pero From Software ha intentado que no sea así, con indicaciones que no estorban y que puedes intuir aunque sólo mires la acción. Es más, el paso desde el motor de juego a los vídeos parece muy suave, siempre y cuando optes por instalar el título en el disco duro de la consola.

Lo que tenemos delante en Ninja Blade es una infección que parece mutar a lo más indeseable de la ciudad y a un grupo especialmente preparado que se dedica a eliminar a los infectados y sus fuentes. Con medios para desplazarse a cualquier lugar donde sea necesario, las misiones se suceden entre las enseñanzas del maestro ninja y las comunicaciones por radio que nos ayudan a mantener el hilo de la historia. Una mezcla, de nuevo, que nos recuerda ligeramente a un Metal Gear Solid o a un Splinter Cell, pero claro, con lo mínimo de infiltración y con vídeos "interactivos".
¿Qué otro elemento no podía faltar en un título de acción post Max Payne? Está claro, el tiempo bala. Si a pie o mientras caemos por una fachada se convierte en una ayuda a la precisión, cuando apuntamos con el cañón o la ametralladora del helicóptero también funciona para evitar males mayores).
Detalles curiosos, que siguen recordando a otros juegos, pueden ser la forma en que se cuentan los golpes y los combos. Es más, hay algunas armas que, con forma de espadas gemelas, más bien se comportan como los látigos de God of War. Incluso ayudan a saltar más lejos (a lo Indy), aunque lo verdaderamente útil de estas es la forma en que ayudan a encadenar golpes y lo lejos que llegan estos. La verticalidad de algunos niveles, en los que corremos cuesta abajo por huecos de ascensores en llamas o en el exterior de los edificios parece que será lo que realmente caracterice a este juego, más allá de los momentos un poco menos habituales.

Otro detalle que dejaron caer los desarrolladores de este título es el porqué de Xbox 360 para su desarrollo. Aparte de la sencillez para tener algo tangible relativamente pronto y trabajar a buen ritmo, parece que los 512MB de RAM unificada de la plataforma de Microsoft son mucho más importantes para dar un aspecto cuidado a las texturas, con lo que eso les influyó enormemente. Aparte de que PS3 estaba en un momento muy temprano de existencia cuando se pusieron manos a la obra. Es decir, otro punto para Xbox 360 frente a la máquina de Sony.

Lo poco que se ha oído hablar de este título bien podría indicar una calidad limitada o un público objetivo realmente corto, en número. Pero nada más lejos de la realidad, ya que si bien el éxito de los ninjas ya no parece algo a destacar en su país de origen y están relativamente demonizados como asesinos de fantasía, fuera de Japón aún tienen sus fans. El ninjitsu que vemos en esta ocasión es bastante adaptable, porque se puede variar el estilo de los golpes a gusto del jugador, con lo que algo más atraerá a los reacios a este tipo de lucha. Pero, lo mejor de todo, es que este juego bebe de muchas fuentes y, por ahora, parece mostrar lo bueno de todas ellas. Eso sí, no esperéis un Otogi, porque la destrucción en Ninja Blade es más cinemática y espectacular, aunque se rompan menos cosas.