Título: El Señor de los Anillos: La Guerra del Norte
Género: Aventura
Desarrollador: Ubisoft
Distribuidor: Warner Bros. Games
Plataforma: Xbox 360
Jugadores: 1-2 (Xbox Live: 3)
PEGI: +18
Fecha de lanzamiento: 15-nov-2011
Idioma - Voces: Inglés, Textos:Castellano
Xbox Live: Si
Cuando pensamos en lo que ha sido El Señor de los Anillos en el mundo de los videojuegos, parece que algo se ha perdido por el camino. Los títulos de estrategia no han tenido el acabado que merecían. Los de acción, mejor olvidarlos. El de rol masivo... ahora es gratis en PC, así que corred, insensatos. Y del rol... bueno, algo ha habido medianamente potable, pero sólo porque usaban los recursos de las películas y copiaban lo básico de otros juegos ya muy trillados. ¿Y ahora qué toca? Pues El Señor de los Anillos La Guerra del Norte, que es el título tardío para una aventura que intenta ir por su cuenta.
Si hay que hacer un resumen rápido, lo más fácil es decir que estamos ante un típico Action RPG. Sí, controlamos a los personajes con el stick, atacamos con un par de botones, nos cubrimos con otro, hay proyectiles y tenemos tres clases más o menos diferenciadas. Todo ello, rodeado de la fábula creada por J.R.R. Tolkien, pero sin ser una licencia directa de las películas de Peter Jackson.
La libertad parece haberse adueñado de Warner Bros. Games para producir el juego. Estamos ante unos hechos que son paralelos a lo que vimos en el cine y leímos en los libros de la historia principal. Los cuentos inconclusos, el Silmarilion, los apéndices... los hijos, nietos y vecinos... todo vale para contar qué pasaba en el Norte mientras Frodo jugaba con el Anillo Único. Y eso es lo que tenemos en El Señor de los Anillos La Guerra del Norte, más movidas que nunca han salido al aire en un juego y, menos aún, en esta generación.
Esto es un enano, un elfo y un hombre que entran en un bar...

Contamos con un montaraz, una elfa y un enano. Cada uno con sus características propias, como las armas adecuadas para su clase, la velocidad inicial con las flechas, agilidad... Aunque no podemos hacer mucho con los rasgos y demás, el juego ofrece lo suficiente como para estar contentos. Los modelos cumplen y las proporciones intentan imitar a los personajes de las películas, aunque con rostros que no se identifican con ellos.
El catálogo de armas, armaduras, escudos, anillos, coronas, yelmos, petos, etc. incluye opciones a una o dos manos, con engarzados de joyas mágicas y una buena selección que descubriremos con bastante rapidez. El sistema de menús peca de sencillo, con pocas facilidades para elegir una u otra, salvo la variación en potencia o calidad. Para todo lo demás, tendremos que usar papel y lápiz, como en los viejos tiempos (que muchos no habréis conocido, claro).
Se pueden distribuir objetos entre los companeros, pero no cambiar de uno a otro personaje en medio de la aventura. Será al pasar un escenario, en puntos concretos o al empezar a jugar, cuando deberemos elegir con quién jugar. Esto, a priori, no resulta molesto, pero nos aleja de otros juegos en los que uno de sus puntos fuertes era la variedad y dinamismo en plena acción. Por otro lado, se aprecian ciertos fallos de diseño, decisiones que parecen tomadas sobre la marcha y que parecen enfocadas a que el multijugador sea viable en El Señor de los Anillos La Guerra del Norte.
El juego permite hasta tres jugadores simultáneos, en red local o Internet, con hasta dos en una única consola. La experiencia mejora bastante, como en cualquier otro juego al que se le mete cooperativo, pero resulta curioso que apenas se aprovechen las opciones que ofrece Xbox 360 y a las que nos hemos acostumbrado en títulos como los Gears of War. Lo que sí se adapta bien es el estilo general del juego, que se basa en hordas sucesivas y puertas que se cierran a nuestras espaldas, así como muros infranqueables al frente... sí, todo se reduce a un modo horda donde cambia el escenario y los enemigos.
Ver una escena generada por el motor del juego, avanzar, notar que algo va a pasar y empezar a luchar contra una horda. Bis. Sí, el juego se reduce a esto, aunque de vez en cuando aparecen enemigos más grandes o podemos echar mano de armas de asedio, hechizos o aliados como las águilas. El objetivo se reduce a salir airosos ante cada combate, pero tardamos poco en ver que las cosas se van a poner un poco pesadas entre momentos importantes del juego.
Si vemos a Aragorn, a los hijos de Elrond, algún nazgul y más de un conocido, será sólo para romper la monotonía de los enfrentamientos y poner cierta dosis de frikismo necesario para seguir adelante. Averiguar cómo un hombre, a las órdenes del mismísimo Señor Oscuro, pone en jaque a elfos, enanos y ejércitos completos, merece la pena. También, que haya momentos un tanto cómicos, cuando deberían ser totalmente dramáticos. En esto influye un principio realmente pobre en el terreno de las voces, aunque al cabo de unas horas las cosas mejoran. Gandalf tiene poco de mago anciano y poderoso, algunas actuaciones parecen totalmente amateur y, de repente, todo cambia y empieza a funcionar. Un sinsentido para una producción totalmente doblada y que intenta llegar a muchos fans acostumbrados a lo que se escucha en las películas.

En cuanto a la duración, estamos ante un título que se extiende obligatoriamente hasta las 20 horas que se el puede exigir al género. Pero tienen truco, ya que muchas de ellas se invierten en combates que se alargan demasiado. Tampoco faltan secretos, aunque la mayoría se limita a andar unos pocos pasos a la derecha del camino fijado, porque vemos un montón de basura interesante. Los barriles, cofres y algún que otro elemento también ocultan dinero u objetos para un inventario estructurado en casillas
¿Que queremos curarnos? Tenemos la posibilidad de combinar hierbas y otros ingredientes, así como comprar directamente lo que queremos. Por cierto, las zonas que superamos suelen tener un punto base con herrero, tendero y algunos personajes que piden los típicos ’recados’. No es que las misiones secundarias brillen por su interés, pero ahí están para alargar un poco más un juego que da cierto aire de poco cuidado.

Si nos limitamos a la experiencia que ofrece El Señor de los Anillos La Guerra del Norte, no se puede decir que sea un juego malo. A los fans les hacía falta algo así, aunque hay que distinguir entre los seguidores de los libros y los de las películas. Para estos últimos, quizá la cosa se quede muy corta. Los fans del rol tienen, justo estos días, opciones como Skyrim o Dark Souls... con lo que no queda nada que decir. ¿A quién puede interesarle un action RPG en estos momentos de excelencia videojueguil? Pues, sencillamente, a los que lo jueguen todo. ¿Que tiene a Tolkien de mentor? La cosa cambia entonces, añadiendo algo de morbo a una idea inicial que no llega a cuajar. ¿A quién le importa lo que pasó en el Norte de la Tierra Media?