Análisis de Badland Game of the Year Edition en Xbox One

Una bola de pelusa se mete en nuestro análisis de Badland en Xbox One. Donde casi todo nos suena, pero la queremos igual que si saliera de nuestro ombligo.
Nota

Deja de lado las comparaciones, porque esto no va de un pájaro verde que te castiga a volver a empezar cuando choca contra algo. Te presentamos el análisis de Badland en Xbox One con algo de pelusa y buen gusto. Aunque, al final, para qué negarlo. Estamos ante algo que nos suena a clon, pero con un maquillaje excepcional.

¿A cuál de ellos dedicamos el análisis de Badland Game of the Year Edition?

¿A cuál de ellos dedicamos el análisis de Badland Game of the Year Edition?

La mecánica de pulsar un botón para elevarse y el stick para avanzar un poco o retroceder es sencilla. Tanto como efectiva, pero durante los primeros niveles de Badland no hay mucho más que hacer. Bueno sí, mirar el escenario, que recuerda lo mucho que nos gustan los colores pastel, los degradados y esa sensación de que si está hecho a mano… y lo parece, nos tiene que gustar más.

Análisis de Badland en Xbox One

Lo que en un principio puede parecer un viaje sencillo con pocos sobresaltos, conforme avanzamos se convierte en una aventura. Una con obstáculos que impiden el paso y nos hacen volver al punto de control anterior. El castigo, en principio, no es tan severo como en otros títulos que emplean una mecánica parecida. El origen de Badland, por cierto, son los móviles y tablets. Aunque en esta ocasión no estamos ante una versión directa. Este juego está más cuidado de lo habitual y añade ese movimiento horizontal del stick que cambia un poco las cosas. No se trata solo de subir y bajar, mientras el paisaje pasa ante nosotros.

Los objetos que encuentra nuestra bola de pelusa por el camino también aumentan en número, como la protagonista. En cantidad, tamaño o poderes, veremos variaciones que son básicas para seguir adelante. Unas nos permitirán pasar por huecos reducidos. Otras, nos darán una especie de vidas extra, por lo que no importará con cuál de las bolas lleguemos al final del nivel. Con que una lo consiga, pasaremos por el tubo que comunica con el siguiente escenario.

Los puzles, los obstáculos que requieren algo más que esquivarlos y ciertos mecanismos son lo que dan vidilla al juego. Muchos nos harán perder vidas hasta dar con la combinación idónea. Otros nos dejarán con la sensación de que podríamos haberlo hecho mejor, para acabar con más acólitos salvados. Pero donde falla Badland es en el premio, que no urge realmente a hacerlo mejor y, quizá, perdona demasiado. Aunque no le faltan sorpresas y toques de humor, como las semillas que se pegan, los cambios de forma, colores, trampas, minas, rayos y algún que otro laberinto que se las trae.

Hacer cada uno de los 100 niveles con uno o dos intentos, salvar a 20 bolas clónicas y pasar por puntos secretos para que se iluminen es lo que le da interés a Badland. Pero tardamos en darnos cuenta de estos detalles, pues la interfaz es nula y los menús tampoco aclaran las cosas. Se trata, pues, de un título que busca la experimentación y cuenta con nuestro interés para ganarnos. Si no conectamos con él, puede que lo dejemos a los pocos minutos de juego.

Momentos de Badland como este nos hacen pensar "¿Pu qué?".

Momentos de Badland como este nos hacen pensar “¿Pu qué?”.

Aparte del ritmo, el scroll que no para y lo bonito que pueda parecernos el acabado gráfico, Badland tiene un algo especial. Es la atmósfera y la inercia, que nos hacen seguir un nivel más y no pensar en el tiempo que llevamos jugado. Sin embargo, la ausencia de música nos obliga a buscar un ambiente silencioso. Uno que potencie los sonidos y efectos del juego. Aunque siempre podemos poner nosotros la música de fondo que queramos, a ver si así mejoran las sensaciones.

Las opciones de fracaso se multiplican con hasta cuatro jugadores en la misma consola. Aquí, la coordinación lo es todo, pero tenemos esos 100 niveles que jugar en compañía. De esta manera, conseguimos que Badland supere las cinco horas que nos puede llevar la aventura en solitario, si queremos hacer bien las cosas. Tanto si cooperamos con los otros jugadores, como si optamos por los 27 niveles del modo competitivo, el juego se beneficia mucho de tener más de un mando cerca y alguien que se apunte.

+ Los escenarios, pintados a mano, nos recuerdan a Ori & the blind forest, aunque se limitan a ser fondos curiosos. Es algo más que un Flappy Bird subido de vueltas y añade el stick izquierdo a la fórmula de pulsar para subir. El multijugador tiene algunos niveles diseñados para la ocasión.
- Se trata de otro juego de móvil más adaptado a una consola de sobremesa.