Análisis de DMC: Devil May Cry en Xbox One

Con las reediciones nos llega la pereza, pero el análisis de DMC: Devil May Cry en Xbox One se merece toda nuestra atención y la destreza que nos quede.
Nota

Han pasado dos años desde que llegó a 360 y, por fin, tenemos el análisis de DMC: Devil May Cry en Xbox One. No porque seamos muy vagos, que para lo que queremos lo somos. Sino porque en la nueva generación se ha resistido un poco a salir. Quizá, por la excusa de enfrentarse al nuevo hardware o por no ver el momento adecuado. Pero tener el juego aquí, ya, viene junto a dos buenas noticias.

El análisis de DMC en Xbox One destaca, sobre todo, los 60 fps del juego.

El análisis de DMC en Xbox One destaca, sobre todo, los 60 fps del juego.

Por un lado, comprobamos que en Ninja Theory se han puesto las pilas con la nueva máquina de Microsoft. Han sabido sacarle partido con las 60 imágenes por segundo que se merece un juego como este. Por otro, nos permite soñar con títulos nuevos de esta desarrolladora. Responsables de una de las apuestas originales más llamativas en Xbox 360, Enslaved: Odyssey to the West. Un juego que comenzaba una historia de la que nos quedamos con ganas de ver cómo acababa.

Ahora, para el análisis de DMC: Devil May Cry en Xbox One contamos con la experiencia de haberlo jugado en Xbox 360. Con su resolución y aquellas 30 imágenes por segundo que apenas eran suficientes para disfrutar de su estilo peculiar. Las tablas vienen bien, no tanto en el combate que algo de nuevo tiene, sino por la forma de tratar a personajes que conocíamos.

Jugar a más imágenes por segundo, con mejor resolución y un control más preciso es lo que necesitaba DMC. Pero esto ya lo habíamos hecho en Windows. Así que la novedad no viene por ahí, salvo que seamos consoleros puros y nos hayamos saltado la versión para PC. Las ventajas y añadidos de DMC en Xbox One van por los contenidos extra, los modos de dificultad añadidos y un ajuste muy preciso del mando de la consola.

Algo más que resolución y fps en el análisis de DMC

Quien haya exprimido DMC en 360 tiene pocos argumentos para saltar de generación con este juego. El reto que ofrece viene a ser un paso más en la evolución de la saga. Con fases que se vuelven imposibles, literalmente, pero que se vuelven una delicia de quien se crea que controla los combos al milímetro. Porque DMC es más como un juego de lucha clásico. Un Super Street Fighter con el Turbo en varias versiones y opciones para subirlo aún más de vueltas.

Evolucionar, conseguir movimientos nuevos y aprender a usarlos con la máxima eficiencia es la meta de DMC. En este camino nos suelta muy pronto, aunque tengamos un apartado para probar hasta la extenuación. Salvo genialidad, muchos de los combos nos harán tirar la toalla. Aunque ver lo que se puede hacer con ellos nos invitará a volver a por más. Esto crea una relación de amor, que dura poco, para pasar al odio, volver a amar el juego y, con suerte, encontrar una relación duradera. Mucho más allá del modo historia, que cuenta con personajes memorables y momentos de auténtica paranoia.

Los mismos escenarios, pero con más detalle, todos los DLC, velocidad y dificultad furiosos... esto es DMC.

Los mismos escenarios, pero con más detalle, todos los DLC, velocidad y dificultad furiosos… esto es DMC.

El peso del combate en DMC es tan grande que eclipsa una historia bien llevada, aunque por momentos rompa el ritmo y nos obligue a recorrer escenarios propios de un juego de plataformas. El viaje por un mundo demoníaco y la lucha contra los demonios requiere de atención. Porque está lleno de detalles que van más allá de lo que conocíamos de Devil May Cry.

Precisamente, el mundo que recrea DMC en Xbox One es grotesco, colorido, agobia y hasta se da lujos para enseñarnos la capacidad artística de Ninja Theory. Un talento que esperamos ver en juegos nuevos donde no tengan reparos por dejar volar la imaginación. Y esto es lo que han hecho en este título, que nos presenta a unos protagonistas más propios de una película para quinceañeros que de la serie clásica de Capcom. ¿Es algo negativo? Para nada, solo hay que estar abiertos a este tipo de cambios. Porque son más los jugadores que se enfrentan a Devil May Cry por primera vez, que los que han jugado a los anteriores. Aunque esto puede cambiar en verano, cuando llegue una edición especial de la cuarta entrega a Xbox One. Pero eso es otra historia.

DMC en Xbox One tiene un aspecto gráfico que sorprende por momentos, pero que se limita muchas veces a un aumento de resolución y suavidad. Es decir, cuesta ver un poco dónde ha residido el esfuerzo de desarrollo. Se trata del mismo juego, mejorado, con una duración mayor gracias a la inclusión de DLC como la aventura con Vergil. Esto, los modos extra, algún retoque sonoro y que no hayamos jugado en la generación anterior lo hacen obligatorio para los fans del género. Y quien sienta algún reparo por el cambio en el estilo de los personajes, que piense en el título como DMC y se olvide de lo que significan las siglas. Esto puede ayudar un poco a entrar en esta nueva etapa de la franquicia.

Brought by... Xbox.

+ El aumento en velocidad de refresco se nota por fuera y también en la reacción al mando. Se han añadido opciones de dificultad que miramos con gran respeto.
- Las mejoras visuales no son todo lo espectaculares que esperábamos. Algunos momentos siguen haciéndose pesados, salvo que subamos la dificultad. Entonces se pueden hacer imposibles.