Análisis de Elite Dangerous en Xbox One

A veces somos héroes, otras meros chicos de los recados, pero siempre encontramos la forma de volver tras el análisis de Elite Dangerous en Xbox One.
Nota

Según han pasado los años desde que cargamos aquel Elite con el Load comillas, hemos visto que el futuro no nos preparaba a todos por igual para esto. Llega el análisis de Elite Dangerous y se enfrentan las ganas de criticar a las de ser parte de algo muy grande. Tanto como el Universo que cabe en la cabeza de David Braven y nos presta mientras tenemos el juego en marcha. Esta es una historia de fanatismo, empeño y ganas de ver más allá de la pantalla del televisor. Es un camino que no parece tener fin y que nos hace soñar en un futuro donde los videojuegos sean tan reales como en El Juego de Ender o Ready Player One. Mientras tanto, aquí va un trozo de nuestra imaginación al servicio de los pulgares.

Elite Dangerous es un juego destinado a unos pocos, casi como si el título fuera el primer filtro para enfrentarnos a él. Pero es uno de esos placeres culpables que muchos defienden a muerte, por intentar ser más listos que el resto. Como si lo difícil fuera mejor. Aunque en este caso, no vamos a meternos en el otro grupo, el de quienes se asustan con algo que implique más de cinco minutos de aprendizaje. Venimos del PC, de los 16 y 8 bits… De los manuales interminables y los códigos que no siempre funcionaban. Ahí es donde el equipo de Elite Dangerous ha buscado a sus seguidores y nos ha encontrado con ganas de salir a explorar.

Para el análisis de Elite Dangerous no hemos hecho nada tan espectacular como este Cobra MkIV personalizado.

Para el análisis de Elite Dangerous no hemos hecho nada tan espectacular como este Cobra MkIV personalizado.

Aunque el primer paso en el juego nos lleva a destruir barriles a disparos, esto es una parte tan minúscula del juego que no debe servir para definirlo. Quien tuvo el placer de perderse en el espacio con Frontier en Amiga o en los otros títulos espaciales de Braven, sabrá que debemos empezar por abajo. Y si nuestra nave es diminuta, está desarmada y solo sirve para picar piedra en un asteroide perdido, pues picamos piedra.

Elite Dangerous nos hace volar, textualmente

Frontier Development es el nombre de la compañía responsable de Zoo Tycoon, Screamride… sí, son unos expertos en Kinect. Les gusta investigar cosas nuevas y parece que gozan de la habilidad para dominar lo que les encarguen. Pero Elite Dangerous es su juego. Uno que lleva más de tres décadas de camino, con mejoras y fallos, hasta que por fin vemos un paso más en su evolución. Pero uno para tomar carrerilla, porque lo que tenemos en Xbox One ahora promete ser solo la base para continuar creciendo.

Empezamos con un puñado de créditos en un sistema federal aleatorio, como comandantes de una nave. Hasta aquí, todo bien, porque somos libres. Las misiones de entrenamiento nos darán pie a dominar sistemas básicos que poco tienen que ver con otros juegos en consola. Estamos ante una experiencia para PC, donde gozan de todo tipo de mandos para simuladores, pero tenemos el pad de Xbox One en las manos. Este es el primer escollo a superar, pues la inercia y las sensaciones de una nave no se transmiten igual por los pulgares que a través de las dos manos… y lo que el presupuesto nos permita afrontar.

Habrá quien necesite horas para dominar el ángulo de giro y las maniobras básicas de evasión. Recordemos que esto no es un juego arcade donde un disparo es una baja. Aquí debemos adivinar trayectorias y ponernos las pilas con lo que sería el control de una nave en el espacio. El modelo de físicas y control intenta ser todo lo preciso que da de sí la tecnología actual, aunque con ayudas. Es más, el menú de control es uno de los que más opciones albergan en la historia de los juegos para consolas. Si vienes del PC, ni te darás cuenta de lo complejo que puede parecerle esto a un consolero de pro.

Combates y caídas en Elite Dangerous

Entrenar es básico y nos llevará bastante tiempo superar misiones serias en el juego. Aunque nos creamos la élite como pilotos estelares, estar desentrenado puede suponer una serie de fracasos sonados, incluso en las misiones de entrenamiento. Lo cual hará que alguno tire la toalla antes de empezar siquiera el juego real. Ese que nos invita a buscar nuevas razas, descubrir sistemas solares o picar piedra para comerciar con el mejor postor. Para hacer todo esto, antes deberíamos saber cómo atracar en un espaciopuerto pequeño y sin ayudas. Algo que cualquier aprendiz de piloto sabe desde que entra en la academia.

Hay bases de todo tipo y amarrar la nave en ellas es una de las cosas más básicas a aprender.

Hay bases de todo tipo y amarrar la nave en ellas es una de las cosas más básicas a aprender.

Crecer como comandantes es una carrera de fondo en Elite Dangerous. Un proceso que implica misiones de lo más tediosas, pero que se salpica con momentos mágicos en los que somos un uno con el Universo. Eso es lo que cualquier aficionado a la serie defiende, que requiere preparación y que tengamos a flor de piel nuestra capacidad de asombro. La grandeza del juego está en todo lo que pasa sin que apenas lo apreciemos y lo infinito de su propuesta.

El aspecto visual es otro de esos temas que nos hacen pensar hasta dónde hemos llegado. Comparar las aristas del Spectrum con los polígonos rellenos y sombras del Amiga o las texturas de la siguiente entrega… eso molaba. Pero ahora tenemos un espacio que intenta parecer real y que está a la altura de lo que veíamos en series de televisión hace no mucho. Ya hubieran querido en Babylon 5 o La Nueva Generación tener un modelo como el que ofrece Elite Dangerous. Los aficionados a los viajes estelares estamos de enhorabuena y con ganas de que esto vaya a más.

El combate multijugador en Elite Dangerous nos prepara para el mundo real... y al revés.

El combate multijugador en Elite Dangerous nos prepara para el mundo real… y al revés.

La música es otro de esos puntos que nos encantan, como los faquires a los reptilianos. Con temas tan bien metidos que no podemos salir de la epopeya espacial que se nos viene encima. Una tan dilatada como queramos, pues el modelo de juego es prácticamente infinito. Nuestra pericia con los controles y la estrategia a la hora de administrar recursos será nuestro límite. Con vehículos cada vez mayores y ningún límite real a la hora de buscar nuevos retos. Sólo ese de los pagos dentro del juego y el de tener que soportar momentos repetitivos. Aunque siempre con la esperanza de que la siguiente misión será para grabarla a láser en nuestras retinas.

Pero no solo tenemos la aventura, que puede ser casi en solitario. Además de vagar por el espacio y tratar con potencias estelares, diplomáticos o economías exóticas, también hay un componente meramente multijugador en Elite Dangerous. Uno que nos lleva directos a esa acción que puede tardar en llegar, si no la buscamos, dentro del modo “historia”. Aquí los enfrentamientos se basan en la habilidad, la revancha y en motivarnos para conseguir mucha experiencia. Algo que podría haber sido un juego independiente y que supera a otros intentos que hemos visto como tales en el pasado.

Como experiencia, Elite Dangerous es una que no solemos ver en consolas. Por lo complejo que puede parecer todo, desde el primer momento. Pero es de esos juegos con los que el tiempo se para y volvemos a por más, sin saber qué nos encontraremos durante esas horas que puede durar cada sesión. No es el juego perfecto, tampoco como simulador, pero tiene detrás a un equipo que no para de mejorar la oferta. Ya sea con actualizaciones que mejoran algún aspecto o contenidos de pago que algunos no pueden rechazar. Porque, ¿a quién no le gustaría tener una más grande? Más que un destructor Imperial, se entiende.

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Summary
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Reviewed Item
Elite Dangerous
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51star1star1star1star1star
+ El espacio nos envuelve y nos encanta. Es todo tan grande que parece un juego infinito y, siendo sinceros, lo es. El precio inicial del juego lo vemos acertado, menos de 40€.
- Tiempos de carga excesivos, aunque se van reduciendo. Control en proceso de mejora. Las compras de contenidos, se nos antojan excesivas.