Análisis de Project Root en Xbox One

Uno de naves con libertad total es lo que tenemos en este análisis de Project Root en Xbox One, que se queda a medias con un planteamiento interesante.
Nota

Los tiempos en que disparar a navecitas nos quitaba horas de sueño quedan atrás. Pero no hay por qué olvidar el poder de un buen juego de este tipo. Aunque, con el análisis de Project Root en Xbox One, parece que el tiro ha sido un poco errado. ¿No había suficientes ejemplos para repetir lo mejor de las viejas glorias?

Hay poco que nos guste en este análisis de Project Root y sus mundos abiertos.

Hay poco que nos guste en este análisis de Project Root y sus mundos abiertos.

Vamos a ver qué hace Project Root. Por ejemplo, nos permite disparar a tierra y acabar con los enemigos que vuelan, de forma independiente. Esto añade algo de complejidad e interés a la hora de pulsar los botones. También es de la escuela de los shooters multi-scroll de hace décadas, con lo que nos veremos volver una vez tras otra a los mismos puntos. Hasta acabar con esas amenazas que nos impiden avanzar al siguiente nivel.

Lo que hace también Project Root es fallar en algunos aspectos que se pueden arreglar con actualizaciones. Como la posición en pantalla y la distancia hasta nuestra nave. Porque nos perdemos la acción a nuestras espaldas y los enemigos que atacan por detrás se ven en el radar, por no así sus balas. Con lo que nos encontramos con momentos de frustración por el concepto más potente del juego, su mundo abierto y libertad total para movernos.

Si el juego ofreciera una posición más centrada para nuestra nave o un sistema dinámico para la cámara, que se acercara y alejara cuando la acción lo requiriera, podríamos estar ante un clásico en potencia. Pero no es así.

Como otros juegos del género, nuestra nave tendrá que viajar por parajes que obligan a buscar el mejor camino. Pero la libertad de movimiento hace que nos enfrentemos a algo más parecido a laberintos, que añaden interés a la experiencia. Aunque el camino, lleno de balas se hace largo. Sobre todo, por la extensión y la velocidad a la que nos movemos. El sufrimiento, con zonas que limpiar y sin un sistema amigable para saber dónde dirigirnos, hace que no la diversión no dure mucho.

Los acabados tampoco son un motivo para defender el juego. Con esa sensación de juego que no está acabado o que pertenece a una liga inferior. Como pasa con otros lanzamientos que llegan a Xbox One, pero que podrían haberse quedado perfectamente en tablets o móviles de hace varias generaciones. La falta de opciones a la hora de inclinar la cámara, desplazarla o personalizar la experiencia nos obliga a lidiar con un juego pobre en muchos aspectos. Uno que parte de una idea curiosa, la de un shooter que se mezcla con un sand box y nos da libertad. Pero que se llena con momentos de tedio y balas que acaban por quitarnos las ganas de saber por qué flotan por el escenario.

+ La libertad, al estilo de los sand box, es algo que debería explotarse más en los shooters.
- Tiene fallos de diseño que lo convierten en una experiencia difícil, pero no por ello divertida.