Assassin’s Creed IV: Black Flag en Xbox One y su análisis pirata

Hola, me llamo Edward Kenway y quiero jugar a Assassin's Creed IV: Black Flag en Xbox One para ser un pirata. Pero nada de simulaciones, que me duela...
Nota

Si quieres ser un pirata, juega a Assassin’s Creed IV: Black Flag en Xbox One, porque es la única forma de conseguirlo en la consola de Microsoft. Al menos, de momento es así. Porque el catálogo de títulos para esta máquina se ve muy corto en comparación con su antecesora. Eso sí, como saga, merece la pena que hagamos un poco de memoria en la historia de esta. Una que Ubisoft ha llevado a lo más alto y que, incluso con pocos cambios de una entrega a otra, mejora cada temporada.

El presente futuro nos sitúa en una sociedad tecnificada. Una que quiere divertirse, jugar en mundos virtuales y vivir todo eso que jamás podrá hacer en el mundo real. Bienvenidos a Abstergo. Sin embargo, en el primer Assassins’s Creed, esto tardamos en saberlo. Eran tiempos mágicos, en los que Xbox 360 nos dejaba con los ojos como platos por lo que era capaz de hacer. Pero, desde entonces, ha llovido mucho.
Xbox One aporta 16 veces más memoria principal, cuatro veces más caché independiente para efectos, al menos ocho veces más potencia de cálculo… y eso, en Ubisoft, saben cómo se transforma en gráficos. Pero, en esta ocasión, no nos presentan un salto cualitativo respecto a la generación anterior. Una que se conocen como la palma de la mano. Lo que encontramos en la nueva generación es algo más de resolución, demasiado tiempo de carga obligatoria, y un mundo calcado al de la experiencia en Xbox 360.

Ballenas en Assassins Creed 4 Black Flag

Sí, cazaremos ballenas en Assassins Creed 4 Black Flag para Xbox One.

Puestas estas bases, ¿merece la pena comprar Assassin’s Creed IV: Black Flag en Xbox One? Si tienes la consola y el precio es el mismo que en 360, por supuesto. Si te llama la curiosidad sobre Xbox Smartglass, no tengas duda. Pero si encuentras una oferta muy buena en 360 y tus amigos van a jugar en esa consola, quédate en la generación anterior. Se especula con que todos los juegos de la saga llegarán a la presente generación, con lo que quizá experimentes un deja vù dentro de pocos años.

Hace muchos años, in tipo con la cabeza muy bien amueblada, hizo un juego llamado Pirates. Sid Meier ha sido inspiración de muchos juegos y seguirá siéndolo siempre. En esta ocasión, Ubi ha visto el potencial de las batallas navales de Assassin’s Creed III. Lo ha mejorado y se ha convertido en algo realmente importante para su juego. Pero las cosas no han cambiado demasiado desde que Pirates llegó a otras generaciones anteriores, como el Amiga. Barcos, cañonazos y abordajes son el menú para una parte de Assassin’s Creed IV: Black Flag en Xbox One. Esa que se ha hecho más famosa desde que anunciaron el juego.

El Caribe del siglo XVIII es lo que tiene, que los piratas se lo pasaban muy bien a costa del inglés, español, francés, holandés, belga… pero Assassin’s Creed no es un documento histórico. Está basado en épocas anteriores a la nuestra, en parte, pero no servirá para que apruebes una asignatura. Aquí, el protagonista es Edward Kenway, abuelo del Connor que vimos en ACIII. Lo mejor de esto es cómo empieza en la hermandad y de qué forma enlaza con el título anterior. Son cosas que solo si has seguido la saga apreciarás en su justa medida.

Mientras tanto, en el mundo futuro que vivimos en primera persona, nos encontramos en Abstergo Entertainment. Una división de la compañía en que vimos despertar a Desmond Miles años atrás. Está dedicada a hacer silumaciones lúdicas y, adivina, tienen un juego de piratas. Esto no es un spoiler, porque en Assassin’s Creed Liberation ya se le dio bastante protagonismo a este nuevo hilo. Uno que quizá sea el principio para una larga trama en Assassin’s Creed V y siguientes.

Una de las ventajas de Assassin’s Creed IV: Black Flag en Xbox One es la experiencia global. Estar en tierra, mar o dentro de algún antro nos dará bastante igual de cara a los tiempos de carga. Esos 8GB de RAM que tiene la consola han sido una buena herramienta en los juegos que estaban hechos para la generación anterior. Ahora, muchas más cosas caben en memoria y da la sensación de unión entre las partes del juego. El mapa con las islas del Caribe es una gozada, además, podemos verlo en nuestro móvil o tablet mientras jugamos, junto a información extra que ofrece Xbox Smartglass.

Ir de un lado a otro en el Jackdaw te va a tener que gustar, por mucho que odies los barcos. Manejarlo es cuestión de práctica y anticipación. Virar y disparar, reducir la velocidad para girar toda y disparar hondanadas completas se convierte en todo un espectáculo. El abordaje posterior, el pillaje y la recolección de dinero completan la experiencia en el agua. Esto es la base para mejorar la reputación, nuestra nave y ser una leyenda en el Caribe.

Como pasaba en Assassin’s Creed: La Hermandad, podremos enviar nuestras huestes a los cuatro vientos. Sin embargo, en lugar de asesinos a pie, serán nuestras naves las que se hagan con cada rincón del mapa y negocien al estilo de los asesinos.
Dejando a un lado la parte de gestión y el mar, el Nuevo Mundo que lleva ya un par de siglos en las cartas, esconde muchos misterios. Las selvas son uno de los grandes añadidos del juego. Aportan unos recorridos laberínticos, muchas más opciones para hacer acrobacias y algo que nos recuerda, en cierto modo, a Tomb Raider. Sí, hay sitios escondidos y algunos puzles que van más allá de lo que hemos visto antes en la saga.

Hasta ahora, poco te hemos contado de los asesinos y sus misiones. No porque haya pocas, sino porque esta parte te resultará familiar. Las persecuciones, en esta ocasión, son algo más sencillo que en el título anterior. Los recorridos resultan más sencillos de aprender, por norma general, y conseguir el éxito es cuestión de unos pocos intentos en el peor de los casos. Es decir, se le ha quitado peso a una de las partes que se habían convertido en casi tediosas, quizá como respuesta a ciertas críticas.

Esperar a la presa, acercarse sin ser vistos, disfrazarse o camuflar todo un barco pirata están entre las opciones de Assassin’s Creed IV: Black Flag en Xbox One. Se nota que Ubisoft tiene otra saga donde son maestros del sigilo, Splinter Cell. Los arbustos, las sombras o un buen disfraz hacen parte del trabajo, pero la paciencia y una buena colocación siguen siendo básicos. Nada demasiado nuevo en este sentido, como puedes comprobar.

Bombas de humo, pistolas, espadas y un buen repertorio ya conocido están en el arsenal de nuestros asesinos. En el modo historia, su uso está más o menos claro. Hacer la lista de la compra se convierte en una tarea más para la que debemos entrenar y dominar ciertas combinaciones nos dará valor para jugar con un estilo propio. Además, cegar a varios enemigos y asesinarnos en cuestión de segundos da una sensación de superioridad difícil de igualar.

A nivel visual, Assassin’s Creed IV: Black Flag en Xbox One es una delicia. Pero no mucho más que en Xbox 360. La resolución es mayor que en la generación anterior, pero no llega al nivel de un PC bien equipado. Hablamos de un título tan multiplataforma como es posible. El agua que rompe contra el casco del Jackdaw es impresionante, pero también lo parece en la generación anterior, aunque se noten más los píxeles y se vea menos vida. Las plantas de la selva sí que tienen un acabado preciosista, con un comportamiento que da pistas sobre lo que será Assassin’s Creed V. Como hemos dicho, tener un mundo sin grandes tiempos de carga por medio ya es un logro, sobre todo, con unos escenarios que se antojan inmensos, aunque luego sean bastante limitados.

Assassin’s Creed IV: Black Flag es dos juegos en uno. Por un lado, tenemos la historia de los Kenway. Por otro, un apartado multijugador que crece en paralelo. Los modos cooperativos contra la IA, la sucesión del gato y ratón, o las opciones que se añaden en esta ocasión son un buen reclamo para los fans. Hay cosas que se han ido, como el soporte para tres equipos, y con ello el modo Alianzas. Sin embargo, otros como Pistolero tienen su vuelta dentro de las opciones del Game Lab, un lugar donde elegir el modo multijugador. Sin embargo, las diferencias entre las armas o skins siguen siendo estéticas y nuestro estilo será lo que mejor nos diferencie a la hora de asesinar.

Para los nuevos, un tutorial interactivo y vídeos demostrativos son básicos en Assassin’s Creed IV: Black Flag en Xbox One. Este nos muestra de qué va su estilo multijugador tan peculiar. Tiene una especie de modo historia, cooperativo, que alarga la ya dilatada experiencia de la trama principal del juego. Pero también mejora en la accesibilidad, la inclusión de clanes, en saber a qué queremos jugar, y añade habilidades nuevas que nos hacen sentir en un juego nuevo, no una mejora ligera sobre el anterior, más allá de lo visual.

Este título se encuentra con una situación difícil, la de salir en varias generaciones a la vez. Ser título de lanzamiento, entre nombres nuevos como Ryse lo ha apartado de la primera línea. Sin embargo, Assassin’s Creed IV: Black Flag se merece un puesto de honor. Es lo que esperábamos, sí, una experiencia superior a todo lo que nos había dado la saga. Evoluciona en todos los aspectos y elimina algunos puntos que no nos gustaban. Tiene más de todo. Aunque no goza del acabado que nos da el mejor de los PC. Eso sí, junto a Xbox Smartglass y algunos compañeros de clan, esta versión da una experiencia única que no podremos vivir en ninguna otra plataforma. No tiene por qué ser mejor, pero sí singular.

Bring by Xbox

+ Los tiempos de carga se han reducido. Es el mundo más impresionante de la saga. La historia juega con los sentimientos de los fans, con lo que esperábamos y esto es bueno, porque Assassin's Creed IV: Black Flag en Xbox One guarda algunas sorpresas.
- La instalación inicial se antoja demasiado larga, aunque luego se justifique. Se echa en falta más resolución, mejor suavizado de bordes y aspectos gráficos que se suponen propios de Xbox One.