Kinect Sports Rivals mete Kinect en la fórmula Xbox One

Quien tenga Xbox One debería tener ya Kinect Sports Rivals, una de las pocas justificaciones para el "accesorio" que llevamos en lo que va de generación en España.
Nota

Puedes desesperarte porque Kinect no reconoce tus órdenes de empezar a grabar una partida. Porque no es capaz de encender tu sin tener que usar las manos, mientras buscas el canal en el televisor o encientes el equipo de sonido. Incluso, quizá tengas dificultades para colocar un accesorio con un volumen similar al de una consola completa de otra generación. Pero, con , ya tienes una justificación para esos 100€ más que has pagado por tu consola, frente a la de la competencia.

El primer disparo exclusivo de RARE en Xbox One es Kinect Sports Rivals

El primer disparo exclusivo de RARE en Xbox One es Kinect Sports Rivals.

Sin embargo, justificar un gasto con otro quizá no sea lo ideal. Menos aún, cuando lo que tenemos delante es un juego que recuerda mucho a Xbox 360 y uno de sus mayores éxitos, Kinect Sports. Una de esas demostraciones técnicas que han hecho de RARE la compañía insignia en el terreno de los juegos con detección de movimientos. Una de esas tareas que nos priva de ver un Kameo, Perfect Dark o Conquer desde hace años, pero que sirve para que Microsoft se deje los restos en avanzar con su versión de “entretenimiento familiar”.

La pregunta sería si, en realidad, quieres una consola de 500€ para que las visitas y los niños hagan ejercicio delante de ella o pagas este dinero, los primeros meses de su vida, para ver otro tipo de juegos. En caso de que tengas curiosidad por ver qué ha pasado en los últimos cuatro años, desde que supimos de Kinect, Sports Rivals da muchas respuestas. De ahí que hablemos de justificación, no solo para RARE y los 500 millones de dólares que le costó a las arcas de Microsoft hace más de una década.

Un concepto que han explotado los juegos que necesitan Kinect, irremediablemente, es su estilo móvil. Muchos de ellos nos recuerdan a los que vemos jugar a los niños cuando sus padres no ven otra opción que dejarles el teléfono con el POU de turno u otro juego de moda. Los colores son brillantes, han un comentarista, muchas guías para aprender a jugar y las partidas pueden durar lo mínimo para rentabilizar la diversión al máximo.

Pero la interfaz no parece hecha para quien llega por primera vez a Xbox y, mucho menos, en la generación de Xbox One. La sencillez e inmediatez, las opciones destacadas, saber dónde ir… eso no parece ir con RARE de 2014. Este aspecto aún precisa mucho trabajo por parte de Microsoft, que busca en sus interfaces una relación fluida y sencilla que no llega. Ver más allá de la pantalla inicial, encontrar lo que queremos en cada momento y no tener que esperar es algo que la interfaz de Xbox One aún tiene que aprender, igual que la de Kinect Sports Rivals.

Al menos, esta vez podemos usar el mando tradicional para movernos por los menús. Aunque esto no evita que, en lugar de guiarnos u obligarnos, las limitaciones antes de abrir más opciones en el juego nos den sensación de falta de libertad. Además, las obligaciones antes de desbloquear cada sección nos invitan a pensar que este juego no está hecho para todo el mundo. Que desprecia a quien ya ha vivido los últimos años de Xbox 360, como si Xbox One fuera algo diferente… demasiado distinto a su predecesora. Lo malo es que, poco a poco, nos lo vamos creyendo.

Las mejoras de “Kinect 2“, frente al anterior, se deberían empezar a ver ya. Sobre todo, en juegos exclusivos que no han llegado con el lanzamiento de la consola y nos tan tenido a la espera durante meses. Kinect Sports Rivals era la primera prueba de fuego y, de momento, el resultado es dispar. Hay cosas nuevas, viejas y usadas, como se diría en una boda tradicional.

De lo viejo, vemos que Kinect tiene muchos problemas para identificar quién controla la consola en cada momento. Una situación que se daba por superada, pero que en un juego que parece hecho para niños y familias enteras, se vuelve un enemigo demasiado poderoso. De ahí que manejar el menú del juego con el mando, en lugar de la voz o los gestos, se convierta en casi obligatorio para algunos.

Nuevo es el aspecto gráfico, que nos da esos deseados 1080p reales que faltan en la mayoría de los juegos para Xbox One. Aunque tampoco es que sea algo muy destacable, porque los escenarios que vemos apenas se pueden explorar, otros nos muestran apenas un rincón de lo que son y, en general, nos guían por donde mejor se ven. Pero, bueno, los colores llamativos y algunos efectos son remarcables. Ojalá RARE los potencie en otro tipo de juegos.

Antes de empezar a jugar, nos encontramos con uno de esos elementos que hacen pensar. ¿Cuánto tiempo y recursos han invertido en Microsoft para crear el editor de personajes? Por el resultado, esperemos que no demasiado, o que sea la llave para el resto de desarrolladores en Xbox One.

Para algunos, que Kinect reconozca el rostro o la complexión y cree un avatar puede resultar maravilloso. Sobre todo, si ahorra tiempo o alguien se ve totalmente identificado con lo que sale en pantalla. Pero no estamos ante algo que sorprenda, al menos no en la línea de muchas películas. Los personajes son caricaturas con muchas opciones para añadir ropa, comprar complementos y demás habituales. Es sencillo encontrar parecidos, pero no deja de ser algo accesorio, a lo que quizá alguien de mucha importancia. Pero seguro que solo disfrutarán quienes inviertan horas en tener un avatar a su gusto en otros juegos… ¿para qué hace falta que Kinect nos escanee en estos casos, si ya nos ocupamos nosotros de toquetear a conciencia? Vamos, el editor de personajes se convierte así en una demo técnica que regalar a los desarrolladores y que no necesiten invertir esfuerzo en su propia herramienta, ¿no es para eso, RARE?

En cuanto a los juegos, la suerte es lo que nos va a hacer disfrutar u odiar cada uno de ellos. Porque Kinect Sports Rivals es eso, una colección de mini-juegos, sin un nexo especialmente fuerte entre ellos, salvo una “isla de la diversión”. Una en la que no nos plantean por qué promete ser tan divertida, qué hacemos ahí o qué reglas físicas y espacio-temporales operan en este mundo tan colorido.

El fútbol, con posiciones que se rigen por el movimiento, se convierte en una actividad que desata la frustración entre los jugadores de carne y hueso. Sobre todo, en espacios reducidos y con niños por medio. Acertar se vuelve algo donde la suerte influye mucho, el retardo es excesivo y la pantalla, junto a nuestra posición en la habitación y el ángulo de visión, es una limitación física demasiado grande. Aquí, de convertirse en realidad, el proyecto Fortaleza ayudaría mucho a mejorar la experiencia… de llegar algo así algún día. Unas gafas de realidad virtual tampoco serían una solución descabellada.

Uno de los elementos que mejor funcionan, al menos durante más de cinco minutos, son las carreras con motos de agua. Un evento para el que hemos entrenado durante meses y que nos ha regalado ropa, complementos, insignias y hasta monturas si hemos aprovechado los eventos de Xbox LIVE, antes de que Kinect Sports Rivals llegara a las tiendas. Se maneja bien, el nivel de desafío es grande, los recorridos son divertidos y ganar depende de la habilidad, así como de la experiencia. Sin embargo, hay tan poca variedad como en el resto del juego, como si tuviéramos un puñado de demos a precio de juego completo. Pero no lo negamos, competir y superar a los rivales, sobre todo amigos online, es muy divertido mientras activamos minas, saltamos, hacemos piruetas y ganamos puntos a ritmo de canción del verano.

Escalar, algo que muchos no haremos jamás, se convierte en otra oportunidad de probar lo que es capaz de ofrecer Xbox One con Kinect. Movemos los brazos solo, pero la sensación de subir por una pared y tener competidores al lado es todo un desafío. Uno en el que las limitaciones técnicas actuales de Kinect arruinan la oportunidad de destacar, de tener un juego que enseñar a las visitas. ¿No iba a detectar nuestros dedos, manos que se abren y cierran, así como gestos complejos? La sensación que da este minijuego, como casi todo Kinect Sports Rivals, es la de que podríamos estar ante un juego de Xbox 360. Que no hace falta una consola nueva ni una versión más cara de Kinect para jugar a esto.

Los bolos no podían faltar a la cita, aunque tampoco añaden muchos trucos a lo que despertó verdaderas pasiones entre los más pequeños de la casa con Kinect Sports… los de la generación anterior. Algo así sucede con el tenis o el tiro, que resultan poco depurados o actividades que ya teníamos hace tiempo, como faltos de justificación.

Kinect Sports Rivals es una evolución a la que frena el estado en que están Xbox One y Kinect. También es un conjunto de mini-juegos reducido, que podría funcionar bien con un sistema de Free2Play o, como le gusta decir a la gente de Wargaming.net, Free2Win. Porque volver a pagar por un Kinect Sports, para quien ya jugara a esta serie en Xbox 360, debería convertirse en una fiesta. Una donde la tecnología de reconocimiento del jugador, la de los gestos y la voz nos hicieran pensar que estamos en 2014. Pero esto no lo consigue el juego de RARE, que se queda a medias en casi todo. Aunque, de todas formas, debemos reconocer que en ocasiones es muy divertido y desata la competitividad. Lo cual no se puede decir ni de la mitad de los juegos en lo que llevamos de generación.

Bring by Xbox

+ Hay que destacar varias pruebas que son muy divertidas, aunque cansen. Además, los ranking online y los desafíos añaden algo de vida a un juego que necesita evolucionar junto a Xbox LIVE.
- La forma en que se desbloquean eventos y cómo nos guía, hacen que la experiencia tarde demasiado en arrancar. Además, incluye muy pocas pruebas. El reconocimiento de Kinect es errático, lo cual resulta increíble a estas alturas.