Max The curse of brotherhood con un análisis a rotulador en Xbox One

Si Max The curse of brotherhood está en Xbox One, se merece un análisis, aunque por mucho más que el mérito de inaugurar las descargas "de peso" en la nueva consola.
Nota

La historia de Max The curse of brotherhood es algo viejo, tanto como las de Caín y Abel, Rómulo y Remo o cualquier otra pareja de hermanos ficticios. Eso sí, su llegada a Xbox One resume la parte interesante en apenas unos segundos. Condensa lo importante para motivarnos en la escena inicial, como si Pixar estuviera metida por medio. Pero, claro, hay que salvar las diferencias y esto es un juego solo para descargar, no una súper producción de Disney. Aunque, por momentos, dé el pego.

Estamos ante un juego que parece de la antigua escuela, pero que nos trae elementos muy actuales. Eso sí, tiene la mesura de evitar la palabra Kinect, por mucho que al anunciarse algunos lo vieran unido a este dispositivo. Max The curse of brotherhood se libra de algo que no sabemos si podría haber sido divertido, interesante o un desastre. Este es otro plataformas que se controla con el mando tradicional. Pero con momentos que requieren habilidad, pensar un poco, observar y superar la frustración de la prueba y error.

Aparte de subir, bajar, avanzar, retroceder, deslizarse y saltar, lo más representativo de este juego es un rotulador. Uno para pintar cosas en la pantalla y que desbloqueamos en los primeros compases de la aventura. Porque es eso, una que recuerda los Another World, Oddworld o Heart of Darkness de hace décadas ya. Pero tampoco hace falta irse tan atrás, porque los intentos de hacer algo de este palo han engatusado hasta a Warren Spector, con sus Epic Mickey. Bueno, quizá sea mejor dejar las referencias e ir al grano. Estamos ante la “evolución” de Max & the Magic Marker que salió para Wii (WiiWare), Windows, Windows Phone 7, MacOS iOS, PSN y Nintendo DS. Sí, faltaba Xbox.

Tenemos… ¡un rotulador! Uno de los gordos, de esos que queríamos cuando éramos pequeños y que ahora nos da vergüenza tener en el escritorio de la oficina. Uno que se gasta con solo mirarlo, porque tiene la tinta justa. La cantidad necesaria para que, al activarlo mientras pulsamos el gatillo derecho, nos ayude a dibujar algo en la pantalla.

Ojo, que Max The curse of brotherhood no es un juego de pintar por cualquier lado. Todo parece medido, aunque en la práctica haya sitio para la improvisación. Es, precisamente esto último, lo que hace de este título algo mágico. Una justificación más para gritar eso de “¡Xbox, graba eso!”.

Max The curse of brotherhood nos lleva a otro mundo, uno con monstruos diferentes

Max The curse of brotherhood nos lleva a otro mundo, uno con monstruos diferentes

La física aplicada a los objetos del juego nos permite cierta libertad creativa. No es lo mismo elevar una plataforma recta que hacerlo con un ángulo ligero. Dibujar una liana hacia el lado contrario al que estamos, nos dará el impulso necesario para ahorrar tiempo. Elegir una forma redondeada, arqueada o recta para una rama, será la diferencia entre superar un obstáculo sin más o con estilo.

Max es el hermano malo, el que odia a su hermano, el que crea el problema inicial. Gracias a él, pasamos a un mundo lleno de maravillas, con un aspecto que trae los juegos “arcade” a la nueva generación. Por un lado, tenemos una descarga considerable, pero muy alejada de lo que traen los Blu-Ray en los que viene un Battlefield 4 o un Ryse. Por otro, estamos ante un juego lineal, cuyo mayor valor visual es su estilo de dibujo animado en 3D.

La iluminación de Max The curse of brotherhood, que tiene voces en inglés y textos en castellano, es uno de sus puntos fuertes. Ya sea en los entornos abiertos o las cuevas apenas iluminadas, los recorridos por los que nos guía están llenos de detalle. La variedad de los escenarios es excepcional y durante un par de horas nos podremos deleitar con el paisaje.

En Max The curse of brotherhood usamos un rotulador para dibujar objetos

En Max The curse of brotherhood usamos un rotulador para dibujar objetos como ramas, cuerdas, corrientes de agua, plataformas…

En cuanto a la experiencia, aunque los enemigos son pocos, tienen su gracia. Además de los típicos guardianes poco listos y los bichos peligrosos, los hay que se combinan para facilitarnos el viaje. Eso, muy a su pesar, ya que nos proporcionan algunos de los numerosos puzles que deberemos superar. Max es un juego de colocar esto aquí, llevarlo allí y abrir camino. La mayoría de las veces, entre la habilidad con el rotulador y un poco de observación, nos creeremos inteligentes. Otras, el diseño del juego nos hará pasar malos momentos.

El rotulador no siempre aparece cerca de donde lo vamos a usar, lo cual puede verse como un aliciente. Sin embargo, al tener que desplazarlo con el stick analógico, es más bien un handycup que podrían haberse ahorrado al crear el juego. En una pantalla táctil, que parece el objetivo inicial de este título, la cosa sería perfecta. Pero en Xbox One, da la sensación de que Kinect iba a ser la primera opción, pero la desecharon al ver la respuesta del dispositivo.

Como resultado, tenemos un juego de plataformas que innova lo justo. Que tiene un aspecto precioso, con un protagonista y algunos personajes muy acertados. Con una historia de niños, aunque para todos los públicos. En el conjunto, también se han añadido puzles que recuerdan a Tomb Raider, pero también a ¿Dónde está mi agua? Aunque la interfaz, el control y la jugabilidad no están todo lo depuradas que deberían. Algo que podría arreglarse con un parche, muy probablemente. Sin embargo, Max the curse of brotherhood es divertido como está y tiene mucho que decir en un catálogo inicial donde echamos de menos géneros, juegos y, sobre todo, experiencias que no tuviéramos ya en la generación anterior.

Bring by Xbox

+ Tener juegos de esta calidad en Xbox LIVE es de agradecer. Superar algunos de sus puzles es muy gratificante. El acabado estético es, por lo general, más que notable... precioso.
- El lugar donde aparece el rotulador pone las cosas difíciles, sin necesidad, en algunos momentos. Además, hay pocos motivos para volver a jugarlo, a pesar de unas cámaras con forma de ojo que podemos recoger y los secretos.


  • TeTBCN

    Yo lo he comprado solo por ver la jugabilidad con el motor de juego Unity.
    Tengo que decir que me ha alegrado muchísimo y sabiendo que es un motor de juego gratuito para los de la comunidad ID@XBOX, ya se que voy a ver grandes juegos de programadores noveles.