¿Por qué Xbox One necesita a Japón para triunfar?

El alejamiento de Xbox One de Japón ha sido patente durante los primeros siete meses de la consola y va a seguir así un tiempo.
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Xbox One necesita a Japón para triunfar, pero la situación no parece recíproca. El lanzamiento de la consola de Microsoft se ha producido hace menos de una semana y desde allí llegan noticias que poco merecen ser celebradas.

Por un lado, según algunos distribuidores las unidades de Xbox One Day One se han agotado. Otros afirman que la disponibilidad era limitada, en parte, porque las ofertas de lanzamiento incluían juegos, accesorios, ofertas para futuras compras, suscripciones a Xbox LIVE y un precio muy inferior al que tenemos en Europa. Es decir, Microsoft sigue con su mimo a la hora de lanzar Xbox en Japón, aunque los compradores no parecen responder en consecuencia.

Los centros comerciales centrados en tecnología, con tiendas físicas, no parecen tan positivos y quitan importancia a la situación. Hay abastecimiento, Microsoft parece tener pocos problemas en este sentido, pero PlayStation 3, PS4 y hasta Wii U o PS Vita, sin dejar de lado la omnipresencia de Nintendo 3DS, son las máquinas que el público se lleva en sus bolsas.

Esta situación parece repetición de lo que sucedió hace casi tres lustros, con la primera Xbox. Una máquina con un tamaño muy superior a lo que estaban acostumbrados los usuarios japoneses. Su mando tampoco ayudaba. El catálogo de juegos occidentales resultaba poco atractivo. El precio de lanzamiento, a pesar de que la crisis llegaría años más tarde, tampoco invitaba. Incluso las campañas comerciales parecían fuera de lugar, entre imitaciones de lo que Sony hacía, burlas a compañías muy japonesas o una red comercial que aguantó sin reaccionar a tiempo.

La "saga" Lost Odyssey se frenó cuando las ventas no acompañaron en Xbox 360 y fue una decisión estúpida

La “saga” Lost Odyssey se frenó cuando las ventas no acompañaron en Xbox 360 y fue una decisión estúpida.

Con Xbox 360, las cosas se hicieron de otra manera. Era una máquina atractiva, potente, un poco menos aparatosa… hasta se podía colocar en vertical. Pero el arma para entrar en el mercado japonés fueron los juegos. Títulos como Lost Odyseey o Blue Dragon, junto a una buena cantidad de nombres que ni nos suenan en occidente, parecían infalibles. Pero, de nuevo, algo falló, Xbox 360 se diluyó en cuanto hubo ecos de PlayStation 3 y Wii innovó a su estilo.

Sin embargo, con la segunda generación de Xbox, Microsoft consiguió algo impensable tiempo atrás. Desarrolladores japoneses trabajaron para llevar sus juegos a la consola y, es más, hubo títulos exclusivos que se llevaron muchas consolas a casa… no solo en Japón, sino en todo el mundo. Escuchar la música de Nobuo Uematsuo, ver cómo cambiaba la cámara entre combates y vídeos con Kaim Argonar en primer plano o pensar en continuaciones de estas obras ilusionaba. También traspasaba fronteras.

Con Xbox One, de momento hay una gran escasez de juegos de rol japoneses. Aunque también parece haber muy poco interés por parte de unos desarrolladores que han perdido el liderazgo tecnológico con la anterior generación de consolas. Los motores más potentes, los artistas más prolíficos y la mayor parte del negocio está en Occidente, al menos cuando hablamos de consolas de sobremesa. Japón quedó bastante descolgado con el desarrollo para Wii, las dificultades para hacer juegos en PS3 y el desinterés, aparentemente total, por parte de Microsoft desde 2008.

Puede parecer tarde para Xbox One. Pero quizá no lo sea si se toman medidas potentes y se mira a Japón. Está claro que, en estos momentos, desde allí pueden llegar grandes historias y juegos que rellenen un hueco donde faltan sagas que emocionen. Esas que Square vendía por decenas de millones, pero que ahora se han quedado en vídeos que mostrar una feria tras otra, sin materializarse en lo que los aficionados desean.

Scalebound, la llegada a Occidente de “exitos” que se quedaron en Japón como Phantom Dust, que no salió de las Xbox japonesas, y el lanzamiento en el País del Sol Naciente dan algo de esperanzas. Pero no hay rastro de esas sagas que hicieron soñar allá por los E3 de 2005 y 2006, donde se mostraban producciones que eclipsaban los mejores Final Fantasy.

Microsoft podría dar ese empujón que Sony, de momento, no encauza con resultados. Falta un esfuerzo para que Japón retome su nivel tecnológico en el desarrollo de juegos. Uno que se ha perdido por motivos comerciales y donde ciertos esfuerzos no han dado frutos. Llevar sagas típicas a manos occidentales y esperar el éxito no vale. Esto debería quedar claro. Los juegos japoneses tienen su denominación de origen y cualquier imitación no cuela. ¿Estás de acuerdo?

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